el juego de Federico

Dejan todos de jugar abandonan sus juguetes el aro, el tren, las muñecas y sentaditos en el suelo esperan a que él represente cosas inventadas como solía hacer siempre. Su prima Aurelia reía su madre lo acariciaba y hasta los gorrioncillos en sus manos se posaban. Pero hay alguien llorando ¿quien será? Es su criada, sí, su «yaya» pero no llora de pena sino de felicidad y una lágrima se quita con el blanco delantal.

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